viernes, 25 de junio de 2010

Pacientemente esperé a Jehová.

Es evidente que muchos de nosotros estamos pasando por tiempos difíciles, unos por escacez económica, otros por enfermedades, otros por falta de empleo, otros más por problemas familiares, etc. El hecho es que realmente es muy difícil encontrar a alguien que tenga una vida envidiable de solidez económica, de salud completa, que tenga un empleo estable, y cuya familia esté en paz y tranquilidad.

Es por ello que todos le clamamos a Dios constantemente que por favor nos eche una manita. David también pasó tiempos difíciles de llevar en su vida, fue entonces cuando nos escribió lo siguiente: "Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor" (Salmo 40:1). El secreto es: Pacientemente. En el ínterin de nuestra oración y la respuesta a ella hay un espacio de tiempo que se llama: "Paciencia". En ese tiempo somos probados, somos probados por Dios pero también por el enemigo. Nos explicamos. Dios quiere ver si realmente confiamos en El aunque se tarde; el enemigo nos prueba haciéndonos creer que Dios no nos responde porque no es nuestro padre, que no nos responde porque no somos dignos, que no nos responde porque no somos justos, que a otros sí les responde porque ellos sí se lo merecen, etc.

Daniel, un hombre mucho más justo que nosotros, un hombre tan hijo de Dios como nosotros, más digno de una respuesta de Dios que nosotros, cuya respuesta era más digna que la nuestra, nos narra en el capítulo 10 de su libro lo siguiente: "En aquellos días yo Daniel estuve afligido por tres semanas (verso 2)... Y he aquí una mano me tocó y me dijo (verso 10)... Daniel, varón "muy amado" de Dios (verso 11)... Desde el primer día que oraste fue oída y respondida tu oración, pero, el príncipe de Persia (satanás) se me opuso por veinte y un días (versos 12-13). Imagínese usted, Daniel oró y se dispuso para con Dios para que le fuera revelado el secreto de los siglos que es "tan" importante para toda la humanidad, y tuvo que esperar con paciencia tres semanas. ¿Cuál es la razón para que nosotros no esperemos con paciencia un mes, un año, cinco años por nuestra respuesta, siendo menos intrascendente? Meditemos.

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