viernes, 18 de junio de 2010

Joven fui y he envejecido.

David un día que estaba reflexionando acerca de lo que Dios era y había sido para él, exclama: "Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan" (Salmo 37:25).

¿Por qué David pudo dar una declaración como esa? Simplemente porque había experimentado el amor de Dios al extremo. Y Dios desea que nosotros también la experimentemos, esa es la razón quizás por la que permitió que David nos escribiera ese pensamiento. El Señor quería animarnos a que fueramos perfectos, entendiendo primero que "perfectos" aquí no implica "intachables y que no pudiéramos caer", pues la palabra hebrea "tamiym" lo que implica es una persona inocente, íntegra, completa; vea el verso 18 por ejemplo lo que nos dice: "Conoce Jehová los días de los perfectos (inocentes, íntegros, completos) y su heredad será para siempre". ¿No es acaso lo que Jesús vino a hacer por nosotros al separarnos del mundo, ha hacernos inocentes de pecado?. Vea lo que dice el verso 19: "No serán avergonzados en el mal tiempo, y en los días de hambre serán saciados".

Nunca como hoy ha habido tanta hambre en el mundo, y la pregunta es ¿Acaso muchos de los creyentes, no hemos tenido que hacer dieta en éstos tiempos? ¡Dieta, en tiempos de hambre! Así es nuestro Dios. ¿Cuál era el secreto de David para ser tan bendecido? Dice el verso 21-22: "El impio, toma prestado y no paga, mas el "justo" (entiéndase aquí como perfecto, aquél que ha sido redimido por Jesús), tiene "misericordia", y da". El que tiene dos cobijas, de una; y el que tiene suficiente para comer, haga lo mismo, dijo Jesús en una ocasión". ¿Cuál es el secreto entonces, si David dice que el justo es misericordioso? DAR. DAR A LOS NECESITADOS. ESE ES EL SECRETO PARA LLEGAR A VIEJO, Y NO VER A NUESTRA DESCENDENCIA MENDIGANDO PAN. Meditemos.

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