lunes, 31 de mayo de 2010

Preguntas 1,2 y 3. Respuestas 3,2 y 1.

Siguiendo con el mensaje de ayer, podemos ver en Mateo 24:3 que los cuatro discípulos que mencionamos (Juan, Jacobo, Andrés y Pedro) le hacen al Señor Jesús, ante sus declaraciones del templo, anciosamente, tres preguntas.

Uno por lógica piensa, las preguntas son 1, 2 y 3 por lo tanto las respuestas serán 1, 2 y 3. Pero si analizamos bien TODO el contexto y los evangelios de Marcos y Lucas (aunque en éste último solamente vemos dos preguntas), veremos que la intención del Señor Jesús NUNCA fue responder las preguntas en ese mismo orden. Veamos, primer pregunta: Señor ¿Cuándo serán éstas cosas? ¿Cuáles cosas? Pues, sencillamente las que Jesús acaba de decirles con respecto a que todos los edificios del templo serían destruidos, y que no quedaría de ellos piedra sobre piedra (verso 2 de Mateo; Marcos 13:2, y Lucas 21:6). Pregunta dos: Señor ¿Qué señal habrá de tu venida? ¿A qué venida se referían los discípulos, si Jesús ya estaba entre ellos?. Pues a su venida gloriosa, a lo que nosotros conocemos como su "segunda" venida. Y, por fin, la tercera pregunta: Señor ¿Qué señal habrá del fin del siglo?

¿A qué siglo se refería la tercera pregunta? ¿Acaso se referían a los primeros cien años del cristianismo? o ¿Acaso se referían a otro tema? Mañana, si Dios nos lo permite veremos las respuestas, pero por hoy basta con saber que cuando los discípulos preguntaron acera del fin del siglo, se refirieron para "fin" con la palabra "Suntelea" que significa "consumación o término" (Mateo 24:4); mientras que cuando Jesús les responde utiliza otra palabra, "Telos" (Mateo 24:6), que era la palabra que se utilizaba en los teatros griegos para "indicar" que terminaba un acto pero que iniciaba otro, pues la obra continuaba, de allí el término: Que suban el telón, que bajen el telón. Meditemos.

domingo, 30 de mayo de 2010

La Palabra de Dios debemos estudiarla, no leerla.

Hay entre los creyentes un dicho muy común, que de tan común que es, no se toma en cuenta cuando estudiamos la Palabra de Dios, dice así: "No se debe sacar un texto de su contexto, pues lo que se hace es buscar un pretexto". Lo decimos mucho, pero lo aplicamos poco. Nos explicamos.

Hay temas que son candentes entre la iglesia, que si podemos imponer manos a todos o no; que si la salvación se pierde o no; que si el pecado de Adán y Eva fue sexual o no; etc. Mientras nosotros sigamos "leyendo" la Biblia, seguiremos con esas discusiones innecesarias. Cuando la "estudiemos", entonces el Espíritu de Dios descenderá sobre nosotros y nos dará la luz que necesitamos. No queremos dar la impresión de que lo vivimos constantente, pero por su gracia lo hemos visto esporádicamente en nuestros estudios. Por ejemplo: En Mateo 24, el famoso capítulo en donde Jesús les enseña a sus discípulos cómo será el fin, qué señal habrá de su venida, y, qué señal habrá del fin del siglo. Todo aquél que "lee" esa porción, cree que allí, máxime que iban saliendo del Templo, estaban TODOS los discípulos del Señor. Pero, todo aquél que "estudia" la escritura en su conjunto, se da cuenta que no es así.

Ese mismo pasaje lo explica Marcos en el capítulo 13 y verso 3, y él nos da la luz de cuáles discípulos oyeron los acontecimientos del fin: " Y se sentó (Jesús) en el monte de los Olivos, y PEDRO, ANDRES, JACOBO Y JUAN... LE PREGUNTARON APARTE". Lo ve, no fueron los doce discípulos los que oyeron los acontecimientos del fin, solamente fueron cuatro, que se lo preguntaron APARTE. Ahora entendemos el por qué, cuando necesitamos explicaciones acerca del final de los tiempos, los mejores exponentes en sus epístolas son entre otros Pedro y Juan. Casualmente, y, como anécdota si usted lee Mateo 10:1-4 verá que éstos discípulos eran dos parejas de hermanos. Meditemos.

sábado, 29 de mayo de 2010

Los 8 "ayes o lamentos" de Mateo 23.

En el capítulo 23 de Mateo podemos leer que Jesús, luego de haber sido confrontado con los saduceos y luego por los fariseos, EL los confronta a ellos. Los confronta con 8 "ayes o lamentos".

Verso 13: Ay de vosotros que "cerráis" el reino de los cielos; verso 14: Ay de vosotros que "devoráis las casas de las viudas: verso 15: Ay de vosotros que hacéis "dos veces hijo del infierno" a un prosélito; verso 16: Ay de vosotros "guías ciegos"; verso 23: Ay de vosotros que dejáis a un lado "la justicia, la misericordia y la fe"; verso 25: Ay de vosotros "que limpías lo de fuera"; verso 27: Ay de vosotros "sepulcros blanqueados"; y por último del verso 29 al 33 les dice: Ay de vosotros "que dais testimonio contra vosotros mismos, que sois hijos de aquellos que mataron a los profetas" ¡Serpientes, generación de víboras! No sé si usted alcanza a ver la magnitud de las palabras de Jesús, pues son serios señalamientos si se los dijera a cualquier pecador. Pero alcanzan grado de "magnicidio" cuando usted mira que se las dijo a "los hombres más entendidos en los asuntos religiosos de un pueblo". No se las dijo a néofitos sino se las dijo a los que se supone eran los que ¡debían y tenían que conocer los asuntos de los cielos, para poder guíar a otros! ESO ES LO GRAVE.

La lección que aquí nos estaba dejando Jesús es simple: NO ENTRAN AL CIELO, NI SON DEL CIELO LOS RELIGIOSOS. Entran al cielo los que tienen una RELACION INTIMA, DIARIA, Y PERSONAL CON EL. No se trata de hacer obras para que todo mundo las mire y luego a usted lo admiren, se trata de hacer justicia, de hacer misericordia, y de vivir por la fe en EL. No podemos depender de una organización, no podemos depender de un líder, no podemos depender ni siquiera de las normas que nos imponga una congregación, dependemos de EL únicamene, Meditemos.

viernes, 28 de mayo de 2010

El motivo tiene que ser sano.

Un día se acercaron los "saduceos" a Jesús, que no creían en la resurrección de los muertos, y le preguntaron: "Señor había siete hermanos de los cuales cada uno fue muriendo sin dejar descendencia, por ello la mujer del primero estuvo con todos, el día de la resurrección ¿De quién de ellos será esposa?". Jesús vino y los avergonzó diciéndoles: "Erráis, ignorando las escrituras" (Mateo 22:23-29).

Para nosotros esa no es una respuesta de deshonra, pero para ellos sí lo era, pues se supone que eran entendidos en la ley. Pero la otra cara del orgullo fue cuando los "fariseos" se enteraron del hecho, pues creyendo tomar supremacía sobre sus eternos rivales, le preguntaron a Jesús, ésto con la intención de demostrar que ellos sí conocían la ley, Señor: "¿Cuál es el gran mandamiento?. La escritura nos dice que el motivo de ellos era tan perverso como el de los saduceos (verso 35). Luego de decirles el Señor que "amar a Dios y al prójimo" son el gran mandamiento. Nos narra que Jesús les hizo una pregunta a ambos grupos, la cuál nadie podía responder, por lo que todos salieron avergonzados (verso 46).

Quizás la lección sea, que cuando estudiemos la escritura o cuando tengamos una duda, ésta sea por los motivos correctos. Que cuando escudriñemos la escritura y los negocios del Señor, no sea por motivos personales, por sobresalir, por demostrar a otros que tenemos la mejor o mayor revelación de las mismas, sino para conocer la escencia misma de Dios, para tener mayor intimidad con él, para poder instruir a los que están bajo nuestra cobertura, y, si alguien no entiende tanto como nosotros poder mostrar lo que nosotros por misericordia sí conocemos. Que podamos demsotrar con hechos, que nuestro motivo de buscar al Señor a sido sano y no con intenciones ocultas. Meditemos.

jueves, 27 de mayo de 2010

El denario igual a la salvación.

El denario era la medida de dinero más común en el tiempo de Jesús, y correspondía al salario mínimo diario de ésa época. Recordemos que en esos días, cuando la revolución industrial no había nacido, la paga de los obreros era por día, fue, precisamente la revolución industrial la que determinó el salario semanal, quincenal ó mensual de un obrero.

En Mateo 20 leemos acerca de una parábola que se gesta alrededor de ese famoso "denario ó salario diario". Aquí, vemos cómo, Jesús nos ilustra acerca del "salario" que EL ofrece a los que le siguen, no importando si le siguen desde niños o desde grandes, el salario a recibir es igual "la salvación o entrada al reino de los cielos". En los tiempos en que se está durante la parábola, el día se dividía en 12 horas de trabajo iniciando la hora 1 a las 6 de la mañana, de esa cuenta podemos deducir que los primeros trabajadores llegaron a las 9 de la mañana (hora tercera); otros a las 12 (hora sexta); otros a las 3 de la tarde (hora novena); y los últimos llegaron a las 5 de la tarde (hora undécima), pero todos recibieron un denario, el mismo salario, la misma salvación.

¿Qué implica esto? Pues que hay personas que recibieron al Señor en una escuela dominical cuando tenían 7 ú 8 años (hora tercera); otros lo recibieron cuando tenían 15 ó 20 (hora sexta); otros cuando teníamos 30 ó 40 (hora novena); otros lo recibieron cuando estaban en su lecho de enfermos antes de morir (hora undécima), pero el salario ofrecido era el mismo... la salvación. Y que por ello no debemos de tener envidia los que recibimos al Señor durante los años de nuestra juventud, para con los que vivieron desordenamente casi toda su vida, y ahora, entran al reino de los cielos con y como nosotros. Pero, surge la pregunta del millón ¿Y entonces, qué con los galardones? Ah, esos vienen por la "calidad" de servicio que dimos. De lo contrario, Pablo y el ladrón de la cruz estarían en el mismo lugar en los cielos, y sabemos que esas, NO fueron las promesas que Jesús nos diera.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Mujer, no sabes lo que pides.

¿Qué madre no desea lo mejor para sus hijos? Si usted encuentra una que no sea así, seguramente la descalificaría como madre. Uno de los mayores sufrimientos de cualquier mujer honesta (en el sentido de decir la verdad) es saber que es estéril. De hecho, desde la antiguedad se muestra el sufrimiento de las mujeres que no podían tener hijos. Al menos así lo vemos desde las raíces mismas de la iglesia en tres mujeres estériles, Sara, Rebeca y Raquel.

Una madre, la esposa de Zebedeo, cuyos hijos eran seguidores del Señor, Jacobo y Juan (Mateo 10:2). Se acercó un día en secreto a Jesús y le hizo la siguiente petición: Señor, "ordena" que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a la derecha, y el otro a tu izquierda (Mateo 20:20-22). Siendo ellos, especialmente Juan, el gran apóstol del amor, la madre pensó que la respuesta sería positiva. Sin embargo, la respuesta del Señor la dejó de helada. "Mujer, NO sabes lo que pides". Por la mente de la mujer pasó seguramente la idea de: "¿Cómo no voy a saber lo que quiero para mis dos hijos? ¿Acaso no será EL el que esté sentado en el trono, y los más fieles a su lado? ¿Acaso, el dejar su casa, su familia, sus bienes, no acredita a mis hijos a ser los mayores en el reino? Mil ideas pasaron por la mente de la mujer, menos la indicada. Pero cuando vemos lo que Jesús mismo dijo acerca de cómo sería su reinado, y qué pasaría en él, entonces entendemos la respuesta de Jesús. La mujer efectivamente... NO sabía lo que estaba pidiendo.

En Mateo 25:31-33 dice que: Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y se siente en su trono de gloria... pondrá a las ovejas del lado derecho, pero a las cabras del lado izquierdo. En otras palabras, la madre misma le estaba pidiendo a Jesús que uno de sus amados hijos se fuera al fuego eterno. Por ello Jesús le dijo: "Mujer, NO sabes lo que pides". Conclusión: Cuando pidamos a Dios algo, no pidamos según nuestra creencia, no pidamos lo que queremos, no pidamos lo que creemos necesitar. Pidamos lo que según su santa voluntad es lo mejor para nosotros, o para quien estamos intercediendo. ¿No será acaso, esa la razón por la cuál El no siempre nos responde inmediatamente? Meditemos.

martes, 25 de mayo de 2010

¿Quién será el mayor?

Cuando una nación está en época de elecciones usted siempre mira al candidato que sea, rodeado de personas, casi siempre las mismas personas. En su imaginación usted ya sabe que, si ese candidato llega a ganar las elecciones, esas personas que le rodearon durante la campaña serán el próximo vice-presidente, el próximo ministro, el próximo jefe del parlamento o del congreso. Ahora bien, si ése es el pensamiento suyo, imagínese lo que piensan las personas que están al lado del candidato... ¡Lo mismo!

Esto es una idea que ha venido desde tiempos inmemoriales, tan inmemoriales, que hasta los doce apóstoles lo creían. Señor, preguntaron en cierta ocasión: ¿Cuando tú te vayas, quién será el mayor de nosotros? Si usted sólo mira el pasaje de Mateo 18, usted cree que esa pregunta la hicieron en un momento sin importancia. Pero, si mira el mismo pasaje en Lucas 22, usted mirará que la premisa con la que iniciamos el mensaje de hoy, es literalmente cierta. ELLOS YA SE SENTIAN LOS MINISTROS Y LOS GOBERNADORES DE ISRAEL. En Mateo solamente vemos una pregunta en el horizonte; en Lucas, vemos que la hacen inmediatamente después que Jesús les acaba de decir que EL "tiene" que partir. Eso, cambia la intención de la pregunta, pues nos muestra lo que había en el corazón de los hombres más cercanos a Jesús. Simplemente NO HABIAN ENTENDIDO NADA, después de tres años y medio de caminar, comer, y dormir con el Hijo de Dios, simplemente no entendían nada. Y esos doce ignorantes de los verdaderos motivos de la venida del Señor, eran a los cuales les iba a poner sobres sus hombros el destino de la iglesia. ¿Y entonces?.

Hoy, muchos creyentes están siendo guiados a caminar bajo la misma lupa. Estamos viviendo tiempos peligrosos. La única manera que tenemos para no ser engañados como lo estaban los discípulos en ESE momento, es una relación personal, íntima, diaria, y sincera con Jesús. Solamente EL nos va a sacar de esa ignorancia de pensar que el sobresalir al lado del líder, el estar en toda actividad en la congregación, el organizar y prestar servicio en todo acto de la iglesia nos va a dar un lugar de honor con Dios. Jesús dijo en una ocasión: ¡En verdad os digo... que ya tuvieron su recompensa! La pregunta es ¿Nos conformamos con tan pequeña recompensa, o, aspiramos a los galardones que el cielo nos ofrece? Meditemos.